viernes, 21 de diciembre de 2007

DELIRIOS

Viernes 21 horas, dos grados de temperatura, y tres cuartos de hora de reloj esperando el autobús que me lleve a casa después de una larga jornada de trabajo. Sábado una de la madrugada, mi cuerpo me dice que debemos estar a bajo cero. Me he cambiado de acera dos veces en busca del ansiado taxi. Nada. En esta ciudad, sigue sin haber taxis cuando se los necesita. Después de media hora, con riesgo de congelación, me pongo a andar a buen ritmo, como siempre hago cuando espero un taxi. Fin de semana a medio día tratando de salir del caos de la rotonda de Delicias. Da igual dirección salida o de entrada a la ciudad. La que se arma en ese punto es de locura. Miro atónita el reloj: han pasado 20 minutos de colapso circulatorio y no llego a la cita con el médico. Martes a las 14 horas, obras en la célebre rotonda de la MAZ. Como todos los coches estamos parados hay tiempo para ver las obras de rectificación proyectadas. Da miedo pensar que los cerebros que diseñan estas cosas se vuelvan a equivocar y nos monten otro punto negro estratégico. Son perfectamente capaces de hacerlo visto lo que ha pasado con las rotondas de entrada y salida de la ciudad. ¿Dónde estudian estos genios? ¿Conocen la ciudad? ¿Conducen habitualmente? Trato de evitar el mal trago pero no me queda más remedio que ir a buscar en coche a una sobrina que llega en el autobús de Barcelona. No describo la situación porque ya es un clásico en la ciudad. La estación de Delicias y sus accesos son una auténtica tortura para los usuarios. Sábado en paseo Independencia: los trabajadores de Siemens se manifiestan para denunciar el cierre de su empresa y de otras. Se van al paro y no están contentos.
Veo las luces encendidas de Navidad y pienso en Gran Scala. De pronto me entra un subidón de optimismo y soy feliz. Ya está bien de ser gafe, negativa, y crítica con la gestión pública. Hay que dejar que nuestros políticos trabajen para dar felicidad, progreso y bienestar al conjunto de los ciudadanos. ¿No es ese el concepto aristotélico de la política? Pues eso: todos a una, como dice Biel, a entusiasmarnos con El Dorado en los Monegros. Oye, y que los problemas del día a día tampoco son para tanto. No conviene amargarse que sube el colesterol.

Publicado en Heraldo de Aragón el lunes 17 de diciembre 2007 (páginas de Opinión)




Gran Scala o el sueño de las Vegas monegrinas

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