
El grupo Zeta (El Periódico de Aragón) publicó este precioso libro lleno de imágenes, palabras y sonidos; ya que va acompañado de un CD + DVD. Escrito por Margarita Barbáchano y Antonio Domínguez.
Este feliz alumbramiento se presento en sociedad en diciembre del 2006. El Centro Pignatelli fue el lugar elegido, y por primera vez en muchos años logré reunir a los cinco cantautores en una mesa de presentación. Allí estaban José Antonio Labordeta, Joaquín Carbonell, Tomás Bosque, Eduardo Paz y Javier Maestre. No fue fácil. Algunos de ellos no se veían desde hacía más de diez años, o no querían saber nada el uno del otro (caso de Eduardo Paz y Javier Maestre). Pero la perseverancia, constancia y ganas de que todo fuera perfecto, pudieron más y cedieron. Sobre todo agradezco a Javier Maestre su generosidad por aceptar estar el día de la presentación. Sé que le costó, y que esa noche durmió mal pensando si acudir o no a la cita.
Mereció la pena porque ahí están los cinco cantautores más emblemáticos de aquellos años, los que pusieron la banda sonora a nuestras jóvenes vidas.
También quiero agradecer aquí el apoyo de los fotógrafos que abrieron sus archivos históricos para que elegiera las mejores o las más curiosas imágenes de los cantautores. Sin estas imágenes este libro no tendría sentido. Gracias sobre todo a Jacinto Ramos y Ángel Vicién, que pusieron los años 70 y 80 en mis manos.
Es un libro del que estoy especialmente orgullosa. Un recorrido por lo que fuimos y lo que somos actualmente, escrito con el formato de un documental.
Para terminar con este breve comentario, tengo que decir que el día que firmamos ejemplares en el Corte Inglés de Independencia se formaron unas colas tremendas (por los cantautores, ¡claro!) y durante más de dos horas y media no paramos de firmar ejemplares. Rafael García Noguero, con su habitual profesionalidad y sentido del humor, nos decía que ese día batimos record de venta de libros, sólo superado (por muy poco) por ..........¡José María Aznar y Federico Giménez Losantos! No estuvo nada mal, sobre todo para la editorial. Pero bueno, a los escritores -a veces- nos reconforta tanto la vanidad como la pasta. Fue un bonito día.
Este feliz alumbramiento se presento en sociedad en diciembre del 2006. El Centro Pignatelli fue el lugar elegido, y por primera vez en muchos años logré reunir a los cinco cantautores en una mesa de presentación. Allí estaban José Antonio Labordeta, Joaquín Carbonell, Tomás Bosque, Eduardo Paz y Javier Maestre. No fue fácil. Algunos de ellos no se veían desde hacía más de diez años, o no querían saber nada el uno del otro (caso de Eduardo Paz y Javier Maestre). Pero la perseverancia, constancia y ganas de que todo fuera perfecto, pudieron más y cedieron. Sobre todo agradezco a Javier Maestre su generosidad por aceptar estar el día de la presentación. Sé que le costó, y que esa noche durmió mal pensando si acudir o no a la cita.
Mereció la pena porque ahí están los cinco cantautores más emblemáticos de aquellos años, los que pusieron la banda sonora a nuestras jóvenes vidas.
También quiero agradecer aquí el apoyo de los fotógrafos que abrieron sus archivos históricos para que elegiera las mejores o las más curiosas imágenes de los cantautores. Sin estas imágenes este libro no tendría sentido. Gracias sobre todo a Jacinto Ramos y Ángel Vicién, que pusieron los años 70 y 80 en mis manos.
Es un libro del que estoy especialmente orgullosa. Un recorrido por lo que fuimos y lo que somos actualmente, escrito con el formato de un documental.
Para terminar con este breve comentario, tengo que decir que el día que firmamos ejemplares en el Corte Inglés de Independencia se formaron unas colas tremendas (por los cantautores, ¡claro!) y durante más de dos horas y media no paramos de firmar ejemplares. Rafael García Noguero, con su habitual profesionalidad y sentido del humor, nos decía que ese día batimos record de venta de libros, sólo superado (por muy poco) por ..........¡José María Aznar y Federico Giménez Losantos! No estuvo nada mal, sobre todo para la editorial. Pero bueno, a los escritores -a veces- nos reconforta tanto la vanidad como la pasta. Fue un bonito día.

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